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Tenemos el derecho de producir nuestra propia energía

Dice un proverbio chino que: “Vale más un árbol, con muchas raíces pequeñas, que con una sola raíz muy grande”

El árbol puede tener una raíz muy fuerte y poderosa, pero si pierde ésta se queda en nada, muere. Sin embargo, muchas raíces pequeñas reparten el trabajo, y en caso de la pérdida de algunas, su función puede ser reemplazada por las otras.

¿Por qué no usamos el mismo concepto para la generación y distribución de energía eléctrica?

¿Por qué no tomamos la microgeneración como algo similar a la acción dentro de una SA, y dividimos el todo en pequeñas partes, consiguiendo que éstas sean más productivas, más eficientes, menos agresivas con el medio ambiente, más fáciles de gestionar?

¿Por qué no tomamos ejemplo de los árboles, tanto de sus raíces como de sus ramas, y vemos que es más lógico tener muchos puntos productivos pequeños y diseminados, que no tener pocos y grandes, obligándonos además a depender de costosas e impactantes líneas de distribución?

Es hora de que el Gobierno cambie las reglas de juego para que la producción energética deje de estar en manos de grandes empresas, y puedan acceder a ella los ciudadanos, dictando leyes que permitan y apoyen estas inversiones.

Ya existen los medios técnicos para esta microgeneración, sólo es necesario un nuevo marco jurídico para ello.

Se hace imprescindible un cambio en la legislación española, a nivel eléctrico.

El sistema de primas iniciado en 1998 está agotado y es hora de dejar paso a la participación ciudadana, dándole la oportunidad de invertir en energías renovables para diversificar las fuentes de producción eléctrica.

Si tenemos derecho a estar abonados a una red eléctrica, y el Estado regula su funcionamiento y condiciones de uso, el mismo derecho deberíamos de tener a producir nuestra propia energía.

Me atrevo a decir que la producción de electricidad con energías renovables debería ser una obligación ciudadana, más que un derecho, apoyada evidentemente de todas las maneras posibles por el Estado.

¿Qué pasaría si produjéramos nuestra propia electricidad?

Conseguiríamos reducir nuestra dependencia energética, luchar contra el cambio climático, generar empleo, ahorrar costes en la distribución eléctrica y hacer ésta más eficiente, entre otras cosas.

¿Cómo hacerlo?

Impulsando la implantación de las redes inteligentes de distribución, más conocidas como SMART GRID.

Instaurando la “medición neta” como fórmula para implantar las renovables en el sector doméstico y en las pequeñas y medianas empresas.

Esto se conseguiría instalando contadores eléctricos inteligentes que midan la energía producida y exportada, de la misma forma que miden la consumida. Esto ya se aplica en muchos países, también en España, pero hay que potenciarlo, lo que permitiría a los usuarios domésticos entregar a la red pública los excedentes generados con energías renovables y ser remunerados por ello.

Tenemos que considerar la energía solar fotovoltaica y térmica, la energía eólica, la biomasa, la geotérmica, la minihidráulica o el biogás como apoyos a la producción eléctrica a gran escala, e ir potenciando y apoyando su implantación como una forma de ordenar más adecuadamente el mapa energético nacional.

Actualmente, en la producción de energía renovable, es lo mismo una pequeña instalación casera que una gran extensión de placas solares con una fuerte inversión; da lo mismo que la instalación sea de 1 kW o de 100.000 kW. Se consideran ambas una actividad económica tipificada como “fábrica de electricidad”.

De esto se derivan condiciones ilógicas, no asumibles y absurdas para los usuarios domésticos, comunidades de vecinos, pequeñas empresas, etc. que hasta el momento han visto completamente frustrada la posibilidad de realizar una instalación para autoconsumo.

Es urgente que el Gobierno se de cuenta de que toda inversión en microgeneración energética es una inversión a favor del empleo, la economía sostenible y la calidad medio ambiental. Y que además lo que tiene que hacer es favorecer estas inversiones, ya que con el marco jurídico adecuado no sería el Gobierno el encargado de realizarlas, gestionarlas, mantenerlas, etc. sino que serían los mismos ciudadanos los que llevarían a cabo todas esas tareas.

El derecho a que cualquier ciudadano pueda ser autoproductor energético y tener una tarifa lógica, no un incentivo, ni una subvención, que trasvase los beneficios socio-ambientales de invertir en generación eléctrica con energía renovable, al inversor y a la sociedad en su conjunto, es inaplazable.

Es urgente legislar para que la medición neta pueda implantarse entre los consumidores domésticos y las pequeñas y medianas empresas. Así como invertir más en el desarrollo de las redes inteligentes de distribución y su implantación en todo el territorio nacional.

Evidentemente, aquí nos encontramos con un problema, que no es pequeño.

Los intereses de las grandes empresas, de los lobbies, de los que se mantienen en un concepto productivo más propio de la Era Industrial que de la Era de la Información en la que nos encontramos. Que lo que pretenden es mantener las cosas tal como están, los sistemas productivos, los sistemas tarifarios, etc. cuando esto ya estamos viendo que es imposible desde cualquier punto de vista.

Creo que harían bien los “Indignados“ movimiento al que apoyo, además de en ocupar plazas públicas en hacer suyas ideas concretas como ésta, para que algo vaya cambiando en nuestra sociedad.

Entrada que motivo la reflexión para esta post:  terra.org

Tags: Auto-consumo, Biogás, Biomasa, Cambio Climático, Contadores eléctricos inteligentes, Dependencia Energética, Energía eólica, Energía geotérmica, Energía mini-eólica, Energia solar, Era de la Información, Era Industrial, España, Indignados, Lobbies, Medición Neta, Micro generación, Mini hidráulica, Redes Inteligentes de Distribución, Smart Grid, Térmica

Categoría: Ahorro Energético, Generación Distribuida, General, Medio Ambiente, Sostenibilidad